La vi llorando

En la tarde del lunes, con implicaciones al martes, sin contar las del viernes; se encontraron entre los quehaceres la beldad con el bálsamo de estupor de un joven. Sus cuerpos se cruzaron, sin ningún deleite hasta llegar a una mirada en la cual las pupilas se cruzaron y mezclaron. Supieron en ese instante lo importante que serian.

Las doce cantaban y la luna se posaba en medio.

Un viaje rutinario, quizás nunca lo olvidaría o quizás solo era una bella pueblerina más.

El viernes llegaba, y lo que era rosa, pronto se convirtió en un café oscuro, ya negro de tantos pensares. Las palabras dichas en solo unas horas habían bastado, pero no duraron cuando los ojos se estremecieron por una turbación final.

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Vidas

La cantina estallo. Muertos instantáneos, heridos gritando, y varios edificios en llamas…

Al otro lado de la ciudad Doña Clotilde se preparaba para su turno.

Después de media hora solo los escombros habitaban en aquel lugar.

Los prestamos estaban por vencer, el cobrador ya estaba amenazando, el hijo enfermo.

Al dueño del establecimiento no le reconocieron el seguro, la aseguradora lo dejo en la calle.

El marido perdió su trabajo después de cometer un error con los registros del ensamble.

Comenzaron a invadir el lugar.

Le diagnostican cáncer, está muy avanzado, pronto morirá.

La multinacional de ensamblaje compra el predio, paga deudas.

Están impidiendo vender en las busetas.

Monta un pequeño negocio.

Encarcelan a su esposo por tráfico y distribución de drogas ilícitas.

Lo roban y estafan, le quitan todos sus bienes.

El niño muere.

No encuentran sustento. La ciudad hace limpieza. Mueren.

 

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